Upsurge in Repression Challenges Nonviolent Resistance in Western Sahara (Spanish) |
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El aumento de la represión desafía a la resistencia no violenta en el Sahara Occidental LENGUAJES: INGLÉS, ESPAÑOL Stephen Zunes* openDemocracy.net November 17, 2010 Los saharauis se han involucrado en protestas, huelgas, celebraciones culturales, y otras formas de resistencia civil enfocándose en problemas como la política educativa, derechos humanos, la libertad a los presos políticos, y el derecho a la autodeterminación. También han levantado el costo de ocupación para el gobierno marroquí y han aumentado la visibilidad de la causa saharaui. El 8 de noviembre, fuerzas de ocupación marroquíes atacaron una ciudad campamento de no menos de 12,000 saharauis occidentales justo en las afueras de Al Aiún, en un acto que culmina la gran protesta de meses en contra de la discriminación a la población indígena saharaui y el empeoramiento de sus condiciones económicas. La escalada en la ofensiva no fue lo único sin precedentes, también lo fue la reacción popular: En un dramático cambio la población local pasó de las protestas casi exclusivamente no violentas de los años recientes a amotinamientos extendidos e incendios provocados en contra de sus ocupantes. En el momento en que este artículo fue escrito, los detalles de los acontecimientos son confusos, pero enfatizan la necesidad urgente de la sociedad civil global para apoyar a los que han estado luchando no violentamente por su derecho de autodeterminación y desafiar a los gobiernos occidentales que apoyan al régimen responsable de la represión. El Sahara Occidental es una nación poco poblada localizada sobre la costa atlántica en el noroeste de África. Tradicionalmente está habitada por tribus árabes nómadas, conocidas colectivamente como saharauis y famosas por su larga historia de resistencia contra la dominación exterior. Su territorio fue ocupado por España entre finales de los años 1800 y mediados de los años 1970. El frente Polisario nacionalista lanzó una lucha armada por su independencia en contra España en 1973, y tarde o temprano Madrid prometió al pueblo, el cual todavía se conocía como el Sahara español, un referéndum sobre el destino del territorio hacia fines de 1975. Los irredentes reclamos de Marruecos y Mauritania fueron llevados ante el Tribunal Internacional de Justicia, el cual falló a favor del derecho de autodeterminación de los saharauis. Ese mismo año, una misión de visita especial de las Naciones Unidas comprometida en una investigación reportó que la gran mayoría de saharauis apoyaba la independencia bajo el liderazgo de Polisario, y la no integración a Marruecos o Mauritania. Bajo la presión de los Estados Unidos, que no quería que el frente izquierdista Polisario subiera al poder, España renegó su promesa por un referéndum y en cambio estuvo de acuerdo en dividir el territorio entre los países pro occidentales de Marruecos y Mauritania. A medida que las fuerzas marroquíes se trasladaban al Sahara occidental, la mayor parte de la población escapó a campamentos de refugiados en la vecina Argelia. Marruecos y Mauritania rechazaron unánimemente una serie de resoluciones del consejo de seguridad de las Naciones Unidas que pedían la retirada de las fuerzas extranjeras y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de los saharauis. Mientras tanto, los Estados Unidos y Francia, a pesar del voto a favor en estas resoluciones, bloquearon a las Naciones Unidas para reforzarlas. De igual forma, el frente Polisario - que había sido impulsado en las partes más densamente pobladas al norte y el occidente del país - declaró la independencia como la República Árabe Democrática Saharaui. En parte gracias a que los argelinos proporcionaron significativas cantidades de equipo militar y apoyo económico, los guerrilleros del frente Polisario lucharon eficazmente en contra de ambos ejércitos de ocupación. Mauritania fue derrotada en 1979, aceptando entregar su tercio del Sahara Occidental al frente Polisario. Sin embargo, los marroquíes anexaron entonces la parte restante del sur del país. El frente Polisario enfocó entonces la lucha armada en contra de Marruecos y hacia 1982 había liberado casi el 85 % de su país. Sin embargo, durante los siguientes cuatro años la marea de guerra fue invertida a favor de Marruecos gracias al dramático incremento del apoyo estadounidense y francés y a su esfuerzo en la guerra marroquí. Las fuerzas de los EEUU proporcionaron además importante entrenamiento para el ejército marroquí en la táctica contrainsurgente y la ayuda en la construcción de la pared que mantuvo al frente Polisario fuera de la mayor parte de su país. Mientras tanto, el gobierno marroquí, a través de un subsidio generoso para vivienda y otras beneficios, satisfactoriamente animó a miles de colonos marroquíes a inmigrar al Sahara Occidental. A comienzos de los años 1990, estos colonos marroquíes excedieron en número a los restantes indígenas Saharauis en el territorio en una proporción de más de 2:1. El cese al fuego en 1991 fue parte de un acuerdo que habría podido ayudar el regreso de los refugiados saharaui al Sahara occidental seguido de un referéndum supervisado por la Naciones Unidas sobre el destino del territorio. Sin embargo, ni la repatriación ni el referéndum ocurrieron debido a la insistencia marroquí en la acumulación de votantes colonos marroquíes y otros ciudadanos que reclamaban tener lazos tribales con Sahara occidental. Para romper este impasse, en 2004 el consejo de seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución que permitiría a los colonos marroquíes votar también en el referéndum después de cinco años de autonomía. Marruecos, sin embargo, rechazó esta oferta con la aparente seguridad de que los franceses y estadounidenses todavía amenazarían con un veto cualquier resolución imponiendo sanciones u otras presiones para un acuerdo. Resistencia popular desarmada Durante los años 1980 al igual que sucedió tanto en Sudáfrica como en los territorios palestinos ocupados por israelíes, la postura de la lucha por la libertad de Sahara occidental cambia de las iniciativas militares y diplomáticas de un movimiento exiliado armado a una resistencia popular interna desarmada, mientras activistas jóvenes en el territorio ocupado y en las partes pobladas por saharauis en Marruecos se enfrentaron a las tropas marroquíes en manifestaciones en la calle y otras formas de acción no violenta, a pesar del riesgo de tiroteos, detenciones masivas, y tortura. Saharauis de sectores diferentes de la sociedad se involucraron en protestas, huelgas, celebraciones culturales, y otras formas de resistencia civil enfocándose en cuestiones como la política educativa, los derechos humanos, la liberación de presos políticos, y el derecho a la autodeterminación. Estos también levantaron el costo de ocupación para el gobierno marroquí y aumentaron la visibilidad de la causa saharaui. Quizás más considerablemente, la resistencia civil ayudó a construir el apoyo al movimiento saharaui entre las organizaciones no gubernamentales internacionales, los grupos de solidaridad e incluso para los marroquíes simpatizantes. El internet se hizo un elemento clave en el movimiento saharaui, con espacios de discusión públicos que evolucionaban para ser centros vitales de envío instantáneo de mensajes, como noticias de última hora en cuanto a la prosperan campaña de resistencia alcanzando a aquellos en la diáspora saharaui y a activistas internacionales. A pesar de las tentativas marroquíes para interrumpir estos contactos, la diáspora ha seguido proporcionando el apoyo financiero a la resistencia. A pesar de que han habido quejas dentro del territorio, el apoyo al movimiento por parte de la vieja generación de líderes Polisarios ha sido inadecuado. Los Polisarios parecen haber reconocido el haber firmado un cese el fuego, y luego el haber hecho que Marruecos rechazara la solución diplomática esperada a cambio esencialmente hizo que jugara todas sus cartas. Entonces hubo un reconocimiento creciente de que la única esperanza por la independencia tiene que venir desde dentro del territorio ocupado en combinación con los esfuerzos de solidaridad de la sociedad civil global. Han habido, igualmente, algunas victorias pequeñas, como la campaña no violenta efectiva que condujo al líder de resistencia saharaui Aminatou Haidar, la cual le aseguró el premio Robert F. Kennedy de los derechos humanos en el año 2008, que logró hacer que las autoridades marroquíes derogaran su expulsión en diciembre de 2009, lo que resultó en una casi fatal huelga de hambre por casi 30 días. Después de que las autoridades marroquíes emplearan la fuerza para fragmentar las grandes y prolongadas manifestaciones de 2005-2006, la resistencia posteriormente optó principalmente por llevar a cabo protestas más pequeñas, algunas de las cuales fueron unas planificadas y otras de manera espontánea. Una típica protesta comenzaba sobre una esquina de la calle o una plaza donde una bandera saharaui era desplegada, las mujeres comenzaban a ulular, y la gente gritaba consignas en favor de la independencia. En pocos minutos llegaban soldados y policías, y la muchedumbre rápidamente se dispersaba. Otras tácticas han incluido repartir panfletos, realizar grafito (incluyendo la marcación de las casas de colaboradores), y celebraciones culturales con alusiones políticas. Tales acciones no violentas, al ser ampliamente apoyadas por la gente, parecen haber sido menos una parte de la resistencia coordinada que un resultado de la acción individual. De todos modos el empleo regular del gobierno marroquí de represión violenta para someter las protestas saharauis no violentas sugiere que la resistencia civil es vista como una amenaza para el control marroquí. Uno de los obstáculos a la resistencia interna es que los colonos marroquíes exceden en número la población indígena por una proporción de 2:1 y aún más en las principales ciudades, haciendo que las tácticas usadas con eficacia en luchas similares en este caso sea más problemático. Por ejemplo, aunque una huelga general pudiera ser eficaz, el superior número de colonos marroquíes, combinados con la minoría de saharauis que se oponen a la independencia, probablemente podrían llenar el vacío resultado de la ausencia de la mano de obra saharaui. Aunque esto pudiera ser aliviado cultivando sentimientos a favor de la independencia entre los pobladores étnicos saharaui de la parte del sur de Marruecos, aún presentaría desafíos que no han sido afrontados por luchas no violentas en otras tierras ocupadas - entre ellos Timor Oriental, Kosovo, y los territorios palestinos. Un cambio en la estrategia de Marruecos A pesar de esto, la resistencia civil parece también haber forzado un cambio en la estrategia de Marruecos de mantener el control del territorio rico en minerales. Aunque el plan de autonomía marroquí para el territorio propuesto en 2006 no se dirija significativamente a la responsabilidad civil de Marruecos para reconocer el derecho de autodeterminación de los saharauis, sí constituye un cambio en la histórica insistencia de Marruecos de que el Sahara occidental es una parte de su territorio al igual que otras provincias, reconociendo que este es en realidad una entidad distinta. Las protestas en el Sahara Occidental en los últimos años han comenzado a levantar conciencia dentro de Marruecos, sobre todo entre intelectuales, activistas de derechos humanos, grupos a favor de la democracia, y algunos islamistas moderados – por mucho tiempo sospechosos de seguir la línea del gobierno en algunas áreas - que no todo los saharauis se ve como marroquíes y que allí existe una oposición indígena genuina hacia el gobierno marroquí. En el territorio ocupado, se les da preferencia a los colonos marroquíes y a colaboradores en cuestiones como vivienda y empleo, y la gente indígena no recibe prácticamente ninguna ventaja de la rica industria pesquera de su país y de los depósitos de fosfato. En respuesta, a finales de este verano surgió una nueva táctica cuando activistas saharauis erigieron una ciudad campamento a aproximadamente 15 kilómetros fuera de El Aiún, la antigua capital colonial y la ciudad más grande en el territorio ocupado. Debido a que cualquier protesta que pide la autodeterminación, independencia, o la ejecución de resoluciones del consejo de seguridad de las Naciones Unidas es brutalmente reprimida, los manifestantes evitaron tales llamadas provocativas, en cambio simplemente exigen la justicia económica. Incluso esto era demasiado para la monarquía marroquí y ésta estaba determinada a aplastar esta acción no violenta de desafío masivo. A principios de octubre los marroquíes sitiaron el campamento, atacando vehículos que traían alimentos, agua y medicamentos y causando un sinnúmero de heridos y la muerte de un muchacho de 14 años. Finalmente, el 8 de noviembre, los marroquíes atacaron el campamento, expulsando a los manifestantes con gases lacrimógenos y mangueras, golpeando a los que no pudieron escapar rápidamente, provocando el incendio y saqueo de las casas y tiendas saharauis con las fuerzas de ocupación para pegar disparando o deteniendo a activistas sospechosos, cientos de los cuales desaparecieron después del brote de la violencia. Marruecos ha sido capaz de persistir en desacatar sus obligaciones internacionales hacia el Sahara occidental en gran parte porque Francia y los Estados Unidos han seguido armando a las fuerzas de ocupación marroquíes y han bloqueado la ejecución de resoluciones en el consejo de seguridad de las Naciones Unidas, las cuales exigen que Marruecos tenga la autodeterminación en cuenta o que simplemente instale un monitoreo desarmado de derechos humanos en el país ocupado. Ahora, al igual que la resistencia no violenta sarahui, es muy importante el potencial de la acción no violenta por los ciudadanos de Francia, Estados Unidos, y otros países que le permiten a Marruecos mantener la ocupación. Tales campañas jugaron un papel importante al forzar a que Australia, Gran Bretaña, y Estados Unidos dejaran de apoyar la ocupación de Timor oriental por parte de Indonesia. A pesar de los 35 años de exilio, guerra, represión y la negligencia internacional, el nacionalismo saharaui es al menos tan fuerte dentro de las generaciones jóvenes como en las mayores, al igual como su voluntad por resistir. Sin embargo, la prontitud de su éxito en la lucha por la autodeterminación bien puede descansar sobre los actos de solidaridad internacional por la sociedad civil global. * Acerca del autor: Stephen Zunes es profesor de Política y director de estudios del Medio Oriente en la Universidad de San Francisco. Zunes forma parte del consejo asesor del ICNC. Su libro más reciente, en colaboración con Jacob Mundy es: El Sahara Occidental: Guerra, nacionalismo, e irresolución del conflicto (Prensa de la universidad de Syracuse, 2010) |
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